Pues eso, que por fin llegamos a San Diego. La cosa empezó a las 2:30 hora de Chicago. Salimos del hotel, tomamos un taxi y hala, pa’ l’aeropuerto! Todavía medio dormidos, recogemos nuestras targetas de embarque, pasamos el punto de control, esperamos un ratito y ya enseguida nos llaman para subir al avión. Rendidos del sueño, pronto nos quedamos dormidos, pero vemos que no despegamos. El capitán habla y como que dice cosas por el altavoz que no terminamos de entenderle. Observamos que estamos de nuevo en el brazo de salida, es decir, regresamos al aeropuerto. Tenemos problemas mecánicos, finalmente comprendemos. Se ve que hay no sé qué “pinche” pieza que tienen que reparar o cambiar. Decisión final: desembarcar el avión.
Teníamos que haber salido a las 5:15 am. Son poco menos de las 7 y nos mandan fuera, otra vez donde sacamos nuestra targeta de embarque para que nos resitúen en otro avión, sea de la compañía que sea. Medio culpa del sueño y del shock que nos produce el no saber a qué hora llegaremos a nuestra casita, si es que llegamos en el día de hoy, vamos deambulando por la terminal hasta que damos con el mostrador adecuado. Demasiado tarde. Somos casi de los últimos pasajeros del vuelo en llegar. Recolocar a noventa pavos o yo qué sé cuántos en otros vuelos no es tarea fácil. Empezamos la cola a las 7 am. Cuando llega nuestro turno, son poco más de las 9. Nos ofrecen un vuelo con otra compañía que sale a las 11:30 y llega a San Diego a la 1:30 hora de allá. Ok, nos conviene. Vamos allá!
Cambiamos de terminal, sacamos las nuevas targetas de embarque y nos damos cuenta los dos que todavía no habíamos desayunado. Y tenemos hambre, cómo no! Queremos un buen desyuno, nada de que un sandwich o una hamburguesa del McDonald’s. Encontramos un restaurante así rollo italiano donde nos preparan unos huevos revueltos muy decentes. Descansamos por fin. Vamos ya preparándonos para ir a embarcar. Son las 11:15 am y aquí no se mueve nadie. Avisan por megafonía que están limpiando el avión y que esto está tomando más tiempo de lo previsto. Ok. Total, que no embarcamos hasta las quinientas. Además, como estábamos en la fila 10, éramos del grupo 6. ¿Habéis sido alguna vez del grupo 6? Le pregunto a la asistente si realmente existe lo del grupo 6. Me dice que claro, que si tú lo tienes, ¿cómo no va a existir? Ya me río. Ya casi nos toca y otro señor que también pululaba por ahí preparándose para embarcar me dice que esto es porque tengo el asiento en una fila muy al principio del avión, que lo que hacen es que los primeros a embarcar son los que ocupan las últimas filas, así la entrada es más fluida. Vamos, que es lo del principio tan bíblico de que “los últimos seran los primeros” aplicado a la aeronáutica, o algo así.
Finalmente, embarcamos. Metemos nuestras maletas en el avión y nos disponemos a dormir. Pero otra vez, el cacharro que no despega. Se ve que ahora el problema es con lo que se llama “PA”, es decir, la megafonía interna del avión. No se escucha. El capitán habla y casi no se le oye. Nos dicen que hasta que no lo arreglen, no podemos salir. Y a mí qué, que no se oiga al capitán! El nivel de indignación sube por momentos. Pero que nos digan lo que nos tengan que decir las azafatas y ya está! Total, para que te digan “estamos volando a una altura de 11,000 metros (que no sé cuánto es en pies), a 800 km por hora, la temperatura exterior es de -50º y el tiempo de vuelo restante estimado es de 2 horas”. A mí qué! O que te digan “si se asoman a su derecha, pueden ver el río Mississipi”. Que he salido del hotel a las 2:30, hijo de tu madre! Y aquí me tienes todavía, cagonlahostia!
En fin, arreglan el aparatito. Menos mal! Eso sí, salimos con una hora y media de retraso sobre lo previsto. Total, que llegamos a San Diego a las 3:00 pm hora local.Vamos a recoger nuestro cochecito. Ahora sí, vamos para casa! En el camino reflexionamos y recordamos que en la nevera obviamente no hay nada. No tenemos ganas de cocinar ni mucho menos. Nos vamos a un restaruante japonés que ya hemos decidido que es nuestro favorito, de momento. Comemos. Llegamos a casa totalmente rendidos. Duchadita y ya no podemos más. Todavía no son ni las ocho hora local, pero ya no podemos con nuestras almas. Nos metemos a la cama y dormimos hasta el día siguiente. Qué descanso!
Teníamos que haber salido a las 5:15 am. Son poco menos de las 7 y nos mandan fuera, otra vez donde sacamos nuestra targeta de embarque para que nos resitúen en otro avión, sea de la compañía que sea. Medio culpa del sueño y del shock que nos produce el no saber a qué hora llegaremos a nuestra casita, si es que llegamos en el día de hoy, vamos deambulando por la terminal hasta que damos con el mostrador adecuado. Demasiado tarde. Somos casi de los últimos pasajeros del vuelo en llegar. Recolocar a noventa pavos o yo qué sé cuántos en otros vuelos no es tarea fácil. Empezamos la cola a las 7 am. Cuando llega nuestro turno, son poco más de las 9. Nos ofrecen un vuelo con otra compañía que sale a las 11:30 y llega a San Diego a la 1:30 hora de allá. Ok, nos conviene. Vamos allá!
Cambiamos de terminal, sacamos las nuevas targetas de embarque y nos damos cuenta los dos que todavía no habíamos desayunado. Y tenemos hambre, cómo no! Queremos un buen desyuno, nada de que un sandwich o una hamburguesa del McDonald’s. Encontramos un restaurante así rollo italiano donde nos preparan unos huevos revueltos muy decentes. Descansamos por fin. Vamos ya preparándonos para ir a embarcar. Son las 11:15 am y aquí no se mueve nadie. Avisan por megafonía que están limpiando el avión y que esto está tomando más tiempo de lo previsto. Ok. Total, que no embarcamos hasta las quinientas. Además, como estábamos en la fila 10, éramos del grupo 6. ¿Habéis sido alguna vez del grupo 6? Le pregunto a la asistente si realmente existe lo del grupo 6. Me dice que claro, que si tú lo tienes, ¿cómo no va a existir? Ya me río. Ya casi nos toca y otro señor que también pululaba por ahí preparándose para embarcar me dice que esto es porque tengo el asiento en una fila muy al principio del avión, que lo que hacen es que los primeros a embarcar son los que ocupan las últimas filas, así la entrada es más fluida. Vamos, que es lo del principio tan bíblico de que “los últimos seran los primeros” aplicado a la aeronáutica, o algo así.
Finalmente, embarcamos. Metemos nuestras maletas en el avión y nos disponemos a dormir. Pero otra vez, el cacharro que no despega. Se ve que ahora el problema es con lo que se llama “PA”, es decir, la megafonía interna del avión. No se escucha. El capitán habla y casi no se le oye. Nos dicen que hasta que no lo arreglen, no podemos salir. Y a mí qué, que no se oiga al capitán! El nivel de indignación sube por momentos. Pero que nos digan lo que nos tengan que decir las azafatas y ya está! Total, para que te digan “estamos volando a una altura de 11,000 metros (que no sé cuánto es en pies), a 800 km por hora, la temperatura exterior es de -50º y el tiempo de vuelo restante estimado es de 2 horas”. A mí qué! O que te digan “si se asoman a su derecha, pueden ver el río Mississipi”. Que he salido del hotel a las 2:30, hijo de tu madre! Y aquí me tienes todavía, cagonlahostia!
En fin, arreglan el aparatito. Menos mal! Eso sí, salimos con una hora y media de retraso sobre lo previsto. Total, que llegamos a San Diego a las 3:00 pm hora local.Vamos a recoger nuestro cochecito. Ahora sí, vamos para casa! En el camino reflexionamos y recordamos que en la nevera obviamente no hay nada. No tenemos ganas de cocinar ni mucho menos. Nos vamos a un restaruante japonés que ya hemos decidido que es nuestro favorito, de momento. Comemos. Llegamos a casa totalmente rendidos. Duchadita y ya no podemos más. Todavía no son ni las ocho hora local, pero ya no podemos con nuestras almas. Nos metemos a la cama y dormimos hasta el día siguiente. Qué descanso!
Hoy es jueves y todo se ve ya de otra manera. Por ejemplo, estamos contentos porque finalmente anteayer ya pudimos ir a la playa. Qué delicia! El agua no estaba nada fría, pero lo único que no me gustó fue que había muchas hojas y plantas flotando que te iban tocando los pies o las piernas, cosa que dentro del agua no es nada agradable, si no es que venga de parte de alguna sirena en especial! Así que en general, estamos bien. Todavía no hemos podido sacar fotos, paciencia!
Saludos desde SD!
Pep
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